Aplicaciones del bótox

Aplicaciones de la toxina botulínica en la salud

Dolor, espasmos, migraña, sudor excesivo, contracturas… Estas dolencias pueden tener el mismo tratamiento: la toxina que elimina las arrugas. La asociación entre toxina botulínica y estética es inevitable. La irrupción de esta sustancia en la estética ha sido tan fulgurante que ha eclipsado otra realidad, la de que es un fármaco con muchas indicaciones. De la neurología a la rehabilitación, de la dermatología a las unidades del dolor, cada vez más especialidades la incorporan a su arsenal terapéutico. De hecho, en España, más de la mitad de los tratamientos que se realizan con toxina botulínica son para indicaciones médicas, no estéticas. Estas son algunas de las aplicaciones de la toxina botulínica:

Espasmos y tics

Para entender su capacidad terapéutica debemos entender que su función es impedir la acción muscular y la transmisión nerviosa. Por eso, uno de los terrenos en los que más se emplea es en afecciones neurológicas con síntomas como espasmos o tics, para que los músculos se relajen. Se usa para tratar distonías o contracciones involuntarias de músculos –por ejemplo, en el párpado–, y para tratar la espasticidad, un trastorno en el que algunos músculos se mantienen siempre contraídos y que suele estar asociado a parálisis cerebral o esclerosis múltiple.

Dolor

Es el campo de aplicación que más se ha investigado, especialmente en el dolor de origen músculo esquelético: latigazo cervical, dolor miofascial, síndrome del piramidal, dolor lumbar crónico… Asimismo, se ha utilizado en epicondilitis, fascitis plantar y cuadros de dolor osteoarticular, como la artritis reumatoide.

Ictus

El empleo de la toxina botulínica tras un ictus es frecuente. Al igual que en otras enfermedades neurológicas, en el ictus aparece con relativa frecuencia un síntoma denominado espasticidad, que produce dolor, dificultad para el aseo y otras actividades básicas de la vida diaria. Si no se trata adecuadamente, provoca un progresivo acortamiento de los tendones y la rigidez de las articulaciones. La toxina botulínica relaja los músculos y ayuda a disminuir la intensidad de estos problemas. Tiene un efecto local, por lo que solo se ven afectados los músculos infiltrados, y su acción es transitoria: dura alrededor tres meses.

Vejiga hiperactiva

Las guías de la Asociación Europea de Urología han incluido la toxina botulínica como tratamiento eficaz y mínimamente invasivo para casos de vejiga hiperactiva. La toxina botulínica es un neuromodulador que inhibe la contracción del músculo de la vejiga. El tratamiento se administra a través de una inyección, bien directamente en la vejiga o bien en el esfínter, con el objetivo de facilitar la salida de la orina.

Hiperhidrosis

También han mejorado los síntomas de la hiperhidrosis, un trastorno que provoca sudoración excesiva. La toxina botulínica está indicada para la hiperhidroxis axilar severa en aquellos casos en los que los antitranspirantes de uso tópico han fracasado. La toxina se inyecta en pequeñas dosis y actúa bloqueando las señales nerviosas que regulan las glándulas sudoríparas, con lo que se reduce la cantidad de sudor que producen.
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