Envejecer por dentro y por fuera

Envejecer, ¿qué cambios conlleva?

Todos envejecemos, envejecer es un proceso inexorable. A partir de los 20, cumplir años implica una disminución de las funciones de nuestro organismo. Asociamos el envejecimiento con las canas y las arrugas porque la piel y el cabello son la parte más visible del cuerpo. Pero si pudiéramos asomarnos a su interior, veríamos que el paso del tiempo modifica todos los tejidos y órganos.

Al principio el declive no se nota –el organismo es redundante, tiene más células, más capacidad, de la que necesita para funcionar–, pero se produce. Aseguran los expertos, que la pérdida es de aproximadamente un 10% por década, aunque hay personas que envejecen más rápido que otras, ya sea porque nacen con una menor dotación de células o con una baja capacidad funcional que hace que se agoten antes, o bien porque sus células están expuestas a más sobrecargas (estrés), a factores tóxicos (radicales libres, radiaciones…), a traumatismos o enfermedades que aceleran su destrucción, o simplemente porque les faltan estímulos, y las células y órganos que no se estimulan se atrofian.

El ritmo de envejecimiento lo determina en un 30% la genética y en un 70% nuestros hábitos de vida, el cómo tratamos a nuestro organismo, aunque a partir de determinada edad –los 40 años en los hombres y los 50 en las mujeres–, los procesos de oxidación de los tejidos y de pérdida de funciones aumentan de forma exponencial.

Algunos cambios que conlleva la edad:

  • Esqueleto. El cambio más significativo es la pérdida de tejido óseo, que es mayor o menor según el sexo y la constitución de cada uno. Se estima que los hombres pierden cerca del 17% de su masa ósea y las mujeres casi un 30%.
  • Composición corporal. La forma del cuerpo cambia con los años porque disminuye el tejido muscular y aumenta la grasa y el tejido conjuntivo. Los hombres de 70 años suelen tener unos 9 kilos menos de masa muscular de la que tenían a los 40 y unos 3,4 kilos más de tejido graso y conjuntivo.
  • Nariz. La nariz se alarga y se agranda con los años pero la capacidad para detectar olores merma.
  • Cara. Cambia de forma, tendiendo a ensancharse; los labios se hacen más finos y la nariz y las orejas se alargan con la edad.
  • Extremidades. Con la edad se vuelven más delgadas y el tronco más grueso, así que parecen alargarse. En los hombres, el diámetro del antebrazo disminuye pasados los 60 y el de la pantorrilla a partir de los 40.
  • La piel. El tejido más visible es el que mejor permite apreciar los cambios espectaculares que provoca la edad. Adelgaza, se hace más fina, porque el número de células de la piel disminuye. Surgen arrugas y pliegues por la pérdida de colágeno y por un excesivo crecimiento de otra proteína llamada elastina, que es más abundante en las pieles dañadas por el sol. Con los años la piel también se vuelve más seca y se producen alteraciones pigmentarias que forman manchas.

 
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